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El futuro del futuro.

“¿Intento de secuestro en Tobatí?” “Bebé muere en extrañas circunstancias en Quiindy” “Motociclista muere tras chocar contra un camión estacionado” “Alerta en las Bahamas: Llega 'Dorian', convertido en huracán de categoría 5”. Estos son sólo algunos de los titulares que encontré en 1 minuto de búsqueda en las noticias del día. Tranquilamente podrían ser de la última semana o del último año. Los medios de prensa prefieren brindarnos noticias negativas porque nuestras mentes les prestan atención. Y eso responde a una muy buena razón. En cada segundo de cada día nuestros sentidos reciben muchísimos más datos de los que probablemente el cerebro puede procesar.

Y como nada nos importa más que sobrevivir, la primera parada de todos esos datos es un antiguo fragmento del lóbulo temporal llamado amígdala. La amígdala es nuestro detector de alerta temprana, el detector de peligro. Ordena y registra toda la información buscando algo en el entorno que pudiera hacernos daño. Por eso de una decena de historias preferimos mirar las negativas. Ese viejo refrán de la prensa: "Si hay sangre, vende", es muy cierto. Y dado que todos los dispositivos digitales nos brindan noticias negativas los 7 días de la semana, 24 horas al día, no es de extrañar que seamos pesimistas. No sorprende que la gente piense que el mundo va de mal en peor.

Pero quizá no sea así. Tal vez, en cambio, lo que realmente sucede es que recibimos distorsiones. Quizá el progreso enorme realizado en el último siglo por una serie de fuerzas está acelerándose de tal forma que tenemos el potencial para crear un mundo de abundancia en las próximas tres décadas. No estoy diciendo que no tenemos nuestros grandes problemas: el cambio climático, la extinción de especies, la escasez de agua y energía. Sin embargo, como seres humanos somos muy buenos para avizorar los problemas y, a la larga, acabamos con ellos.

Analicemos entonces lo ocurrido en el último siglo para ver hacia dónde vamos. En los últimos cien años, el promedio de vida se ha más que duplicado, el ingreso promedio per cápita (ajustado por inflación) se ha triplicado en todo el mundo. La mortalidad infantil se ha reducido 10 veces. Además, el costo de los alimentos, de la electricidad, del transporte y las comunicaciones, ha caído de 10 a 1000 veces. Estamos viviendo la época más pacífica de la historia de la humanidad. Y la alfabetización mundial pasó del 25% a más del 80% en los últimos 130 años. Realmente estamos viviendo una época extraordinaria. Mucha gente lo olvida.

Y seguimos poniendo expectativas cada vez más altas. De hecho, redefinimos el significado de pobreza. Piénsenlo, al día de hoy, en los países desarrollados, gran parte de las personas que viven bajo la línea de pobreza tienen electricidad, agua, baños, refrigeradores, televisión, móviles, aire acondicionado y coches. Los magnates del caucho del siglo pasado, los emperadores del planeta, jamás habrían soñado con tales lujos.

La tecnología está apoyando mucho de este desarrollo y el crecimiento exponencial. Cualquier herramienta que deviene en tecnología de la información salta en la curva de la Ley de Moore, y duplica el rendimiento del precio en unos 12 a 24 meses. Por ese motivo el celular que tenés en tu bolsillo es un millón de veces más barato y mil veces más rápido que una supercomputadora de los años 1970. Ahora fíjate bien en esta curva.

grafico

Es la Ley de Moore durante los últimos cien años. Quiero que observes dos cosas en esta curva. Primero, lo alisada que es, como no tiene sobresaltos... en buenos y malos tiempos, en la guerra y en la paz, en recesión, en depresión y en crecimiento económico. Es la resultante de computadoras rápidas usadas para construir computadoras más rápidas. No se detiene ante ninguno de los grandes desafíos. Y aunque esté graficada en función a una ley, se curva hacia arriba. La tasa de crecimiento de la tecnología es en sí cada vez más rápida.

Y en esta curva, actualmente hay una serie de tecnologías extraordinariamente poderosas con las que hoy contamos. La computación en la nube o computación infinita, los sensores y redes, la robótica, la impresión 3D y su capacidad de democratizar y distribuir producción personalizada en todo el planeta, la biología sintética, los combustibles, las vacunas y los alimentos, la medicina digital, los nanomateriales y la IA.

En 2008, Ray Kurzweil y Peter Diamandis, lanzaron una nueva universidad llamada Singularity University. Donde enseñan estas tecnologías a sus alumnos, y, en particular, cómo pueden usarse para resolver los grandes retos de la humanidad. Y cada año les piden a los mismos que lancen una empresa, o un producto o servicio, que pueda afectar positivamente las vidas de mil millones de personas en una década. Piensen en eso, el hecho de que un grupo de estudiantes hoy pueda impactar la vida de mil millones de personas. Hace 30 años eso habría sonado absurdo. Hoy podemos señalar una decena de compañías que ya lo han hecho.

Cuando Peter Diamandis piensa en crear abundancia, no significa crear vida lujosa para cada habitante del planeta; se trata de crear una vida de lo posible. Se trata de tomar eso que es escaso y volverlo abundante. La escasez es contextual y la tecnología es una fuerza que libera recursos. Les pondré un ejemplo.

Es una historia de Napoleón III de mediados del 1800. Fue invitado a cenar por el rey de Siam. Las tropas de Napoleón comieron con cubiertos de plata, y el mismo Napoleón, con cubiertos de oro. Pero el rey de Siam, comió con cubiertos de aluminio. El aluminio, en esa época, era el metal más valioso del planeta; valía más que el oro y el platino. Por esa razón, la punta del Monumento a Washington en Estados Unidos es de aluminio. Ya ven, aunque el aluminio es el 8,3% de la masa de la Tierra, no viene como metal puro. Está ligado por el oxígeno y los silicatos. Pero luego llegó la electrólisis e hizo del aluminio algo tan barato que lo usamos como si fuera descartable.

Proyectemos esta analogía hacia el futuro. Pensemos en la escasez de energía. Estamos en un planeta bañado por 5000 veces más energía de la que usamos en un año. Llegan a la Tierra 16 Tera vatios de energía cada 88 minutos. No se trata de escasez, sino de accesibilidad. Y hay buenas noticias. En 2012, por primera vez, el costo de la energía solar en India fue 50% menos que el de la generada por diesel: 8,8 rupias versus 17 rupias. El costo de la energía solar a nivel mundial cayó un 73% entre 2010 y 2017. En 2012, el MIT publicó un estudio que mostraba que para 2020, en las partes soleadas de Estados Unidos, la electricidad solar costaría 6 centavos el kilovatio por hora comparado con los 15 centavos de la media nacional. Al día de hoy, el costo es de 4.8 centavos el kilovatio por hora.

Y si tenemos abundancia de energía también tenemos abundancia de agua. En 1990, el famoso astrofísico y divulgador científico Carl Sagan, cuando la nave espacial Voyager pasó la órbita de Saturno, apunto la cámara de la nave hacia la Tierra y sacó una foto famosa. La foto se llama "Un pálido punto azul" debido a que vivimos en un planeta de agua. El planeta está cubierto en un 70% por agua. Aunque el 97,5% es agua salada, el 2% es hielo, y peleamos por el 0,5% del agua del planeta, también hay una esperanza. Es una tecnología disponible ahora mismo. Viene la nanotecnología, los nanomateriales.

En el 2012 Dean Kamen (el mismo inventor del Segway –dicho sea de paso, no está muerto-) anunciaba el Slingshot, un artefacto del tamaño de una heladera pequeña. Es capaz de generar mil litros de agua potable al día de cualquier fuente -agua salada, agua contaminada, una letrina- por menos de 2 centavos el litro. En 2017, Coca-Cola decidió invertir en 15 prototipos para probarlos en Ghana, donde al día de hoy se sigue testeando. Si sumamos su invento al LifeStraw, LifeSaver bottle, Tata Swach y al Sono Arsenic Filter, podemos decir nuestro problema será la distribución de agua potable, no la de la falta de agua. 

También vemos abundancia con las comunicaciones. En 2013, el 70% de la población de los países en vías de desarrollo ya poseía algún tipo de teléfono celular. Poniendo esto en contexto, un guerrero masai en medio de Kenia tiene mejores comunicaciones móviles que el presidente Ronald Reagan en 1987. Y, si su celular es un smartphone con Google, tiene acceso a más conocimiento e información que el presidente Bill Clinton en 1997. Vive en un mundo de abundancia de información y comunicaciones que nadie podría haber predicho jamás. Mejor que eso, las cosas por las que muchos han pagado miles de dólares -GPS, video HD, imágenes, bibliotecas de libros y música, tecnología de diagnóstico médico- ahora se desmaterializan y pierden valor de mercado con los celulares.

Quizá lo mejor llegue cuando surjan las aplicaciones en salud. En 2012, la Fundación Qualcomm anunciaba el Premio X Qualcomm Tricorder, de 10 millones de dólares, desafiando a los equipos del mundo para que combinen tecnologías médicas en un dispositivo móvil con el que puedan hablar, el cual tendría Inteligencia Artificial y podría verificar los síntomas de un paciente, analizar la sangre y diagnosticar mejor que un equipo médico certificado. Imaginen este dispositivo en medio del mundo en desarrollo en el que no hay médicos, donde la tasa de morbilidad (enfermos en un determinado periodo de tiempo) es del 25% y hay 1,3% de trabajadores de la salud. Cuando este dispositivo secuencie un virus de ARN o ADN que no reconozca, llamará al ente de salud más cercano y, en primer lugar, evitará que ocurra la pandemia.

La mejor protección contra la explosión demográfica es dotar al mundo de educación y salud. En 2010, teníamos menos de 2 mil millones de personas en línea, conectadas. Para 2020, pasará de 2 mil millones a 5 mil millones de usuarios de Internet. Tres mil millones de mentes nunca antes oídas que se suman a la conversación global. ¿Qué querrán estas personas? ¿Qué consumirán? ¿Qué deseos tendrán? Y en lugar de un colapso económico tendremos la mayor inyección económica de la historia. Estas personas representan decenas de billones de dólares inyectados en la economía global. Y gozarán de más salud gracias al Qualcomm Tricorder, de una mejor educación con la Academia Khan y debido al uso de las impresiones en 3D y a la computación en la nube serán más productivos que nunca antes.

¿Qué nos pueden brindar 3000 millones más de miembros de la humanidad, saludables educados y productivos? ¿Qué tal unas voces nunca antes oídas? ¿Qué tal si les damos a los oprimidos, dondequiera que estén, una voz para ser escuchados y poder actuar por primera vez? ¿Qué aportarán estos 3000 millones? ¿Y si son contribuciones que ni podemos predecir? Algo que se aprendió del Premio X es que equipos pequeños, guiados por su pasión con un objetivo claro, pueden hacer cosas extraordinarias, cosas que antes sólo podían hacer las grandes corporaciones y los gobiernos.

Hay un programa llamado FoldIt. Surgió en la Universidad de Washington, en Seattle. Es un juego en el que las personas pueden tomar una secuencia de aminoácidos y averiguar la forma en que se plegará la proteína. Los pliegues determinan la estructura y la funcionalidad. Es algo muy importante en la investigación médica. Y, hasta ahora, era un problema de supercomputadoras.

Al principio, FoldIt solo era utilizado por profesores universitarios. A los pocos meses, cientos de miles de personas se sumaron y comenzaron a jugarlo. Y se ha demostrado que hoy la maquinaria de reconocimiento de patrones humana es mejor plegando proteínas que las mejores computadoras. Y los creadores de FoldIt buscaron a quien mejor plegaba proteínas en el mundo; y no enseñaba en el MIT, ni estudiaba en CalTech; era una persona de Inglaterra, de Manchester, una mujer que, durante el día, era asistente ejecutiva en una clínica de rehabilitación y, por las noches, era la mejor plegadora de proteínas del mundo.

Hay una confianza enorme en el futuro, porque hoy tenemos más poder como personas para asumir los grandes retos del planeta. Tenemos las herramientas con esta tecnología exponencial. Tenemos la pasión de los innovadores. Tenemos el capital de los tecno-filántropos. Y tenemos 3000 millones de mentes nuevas que se suman para trabajar en la solución de los grandes retos y hacer lo que debamos hacer. Por delante, nos quedan unas décadas extraordinarias. Esto es abundancia, esto se enseña en Singularity University.

Autor: MSc. Ing. Alejandro Núñez

CSO en FACTO S.A.

Transcripto y adaptado de la Charla TED de Peter Diamandis.